Vivía en Miami y ese día tenía franco en mi trabajo. Me tomé la mañana para estar en casa y descansar. Esto incluía bucear en Internet, conectarme con los diarios y radios argentinas. Aún así había un televisor encendido con las noticias locales. Recuerdo bien el momento en que las primeras cadenas transmitían con desesperada incredulidad la escena no ficticia de la primera torre incendiada. Minutos después las primeras imágenes de ciudadanos y paseantes casuales poblaban la TV con la imagen del avión estrellándose. Todo pasaba como en una increíble película. Como nunca había pasado antes, con mis vecinos, algunos cubanos, norteamericanos, venezolanos, uruguayos otros, nos salimos al pasillo de nuestro piso para comentar lo que parecía irreal. Cada uno desconcertado miraba repetidamente la transmisión en todos los televisores el mismo tiempo.

La radio avisaba sobre la evacuación del Down Town -el centro financiero de la ciudad- y recuerdo el miedo y la incertidumbre de un “cuarto avión” secuestrado que podía volar a cualquier ciudad del país sin saber dónde se estrellaría. Varias horas pasaron sin noticias oficiales, sin saber qué sucedía. Nosotros obteníamos más información a través de los diarios digitales argentinos.

El 9/11 marcó un antes y un después en la historia contemporánea del mundo. Fue el día que a los Estados Unidos le temblaron las piernas y en un arrojo de furia sembró más violencia.

Pero también marcó otros hitos en la forma de hacer periodismo. Las empresas periodísticas comprobaron la necesidad de la inmediatez y de mantener la actualización, al instante, de la noticia a través del medio digital.

Y sin dudas, fue una marca indeleble en el uso de los medios sociales (blogs y podcasting -lo que hubiera sido si hubiera estado You Tube). Cientos de residentes y visitantes casuales de Nueva York contaron el terror en primera persona. Crearon redes de contención y se ayudaron mutuamente conectándose a través de la red.

El 9/11 cambió muchas cosas.

* Este post es un comentario que dejé hoy en Retrovisor.